La mujer y la mar en el País Vasco

Miren Aintzane Eguiluz, Escuela de Ingeniería de Bilbao - Escuela Técnica Superior de Náutica y Máquinas Navales, Portugalete.
18 OCT, 2019

La mujer, como sujeto de la Historia, ha sido una temática despreciada hasta fechas muy recientes y los estudios en el País Vasco han sido inexistente hasta hace muy pocas décadas. Es hora de que ellas ocupen el lugar que les corresponde históricamente, también en el mar.

La influencia de diversas corrientes de pensamiento, desde el liberalismo hasta el socialismo, ha hecho evolucionar el carácter de las investigaciones sobre la mujer hasta el punto de que hoy ya no se habla de “historia de mujeres” sino de “historia de las relaciones de género”, expresión afortunada que sirve para remarcar que la historia de la mujer está inextricablemente unida a la del hombre, quien siempre ha mantenido sobre ella una relación de poder en la que la mujer ha desempeñado el papel de sometida y el hombre el de opresor. Así, siguiendo con las líneas de investigación que han existido, hasta hace pocas décadas se creía que su relación con el mar se reducía de forma histórica a las labores de tierra de las mujeres de los pescadores y a las acciones de unas pocas esposas o viudas de comerciantes navales como apoyo del cónyuge o como sustituto último del marido desaparecido. La mar era considerada como un ámbito exclusivamente masculino… pero eso no quiere decir que la mujer no luchase por acercarse a la mar.

Vendedoras de pescado, Ondarroa, (Panne Maker), (1880?). Zumakakarregi Museoa.

 

Acercándonos a la costa vasca, se puede afirmar que las mujeres no salían a alta mar, es cierto, pero eso no quiere decir que no tuviesen barcos propios, que algunas no atesorasen conocimientos de navegación, que no transportasen mercancías en ámbitos costeros, que no embarcaran bacalao, hierro y otros objetos, que no trasladasen pasajeros a cortas distancias… Las mujeres de diversas condiciones tuvieron que acercarse muchas veces a la mar, aunque fuese de forma restrictiva, asomándose a las costas para poder realizar sus estrategias de supervivencia. Y esa supervivencia, determinada muchas veces por la ausencia de los hombres que se hacían por largos meses o años a la mar, les llevaba siempre a los límites de lo socialmente aceptable, a los umbrales de la marginalidad.

Los estudios que hoy en día hablan de estas pioneras son aún muy escasos y se refieren a los ámbitos pesqueros la mayor parte, tratando de las mujeres de los pescadores y de aquellas que se dedicaban a la venta de pescado, habitualmente también hijas o mujeres de pescadores. Son estudios de carácter mucho más etnológico que histórico y que se retrotraen como mucho hasta el siglo XIX. Sin embargo, la mujer no ha aparecido en la mar de repente en el siglo XX sino que ha intentado asomarse a la misma a lo largo de toda la Historia y el País Vasco es un buen ejemplo de cómo trató de acercarse a un ambiente tan cerrado por parte de los hombres y cómo, a pesar de sus esfuerzos, fue considerada incompetente, inadecuada y claramente inferior a ellos para desempeñar cualquier función relacionada con la mar.

Sardineras entre las rocas del mar en el puerto pesquero de Santurce, zona de Lo Liso.  Fotografía de Juan Antonio Cortés García de Quevedo, 1896. Archivo Municipal deBurgos.

 

No deja de ser irónico que, a la vez que se las marginaba al ámbito del hogar, vetando su voz públicamente, se las idealizaba cubriéndolas de atributos varoniles como la fuerza y el valor, como reflejo de sus compañeros varones y, a la vez, se las muestras como mujeres bonitas, aseadas, buenas esposas y madres como era el ideal de la época. Se las veía como base de los hogares y su trabajo era bien visto como sustento del mismo siempre que, en última instancia, quedara bajo supervisión masculina, bien de los hombres de su familia bien por las instituciones. El trabajo era característico de los vascos, hidalgos todos, por lo que el trabajo de la mujer, sobre todo dentro de los límites del hogar, era reflejo del masculino también, reflejo de su laboriosidad y de su fortaleza y el trabajo en el campo y en las labores relacionadas con la pesca se contemplaban como algo natural. Otra cuestión eran los trabajos que escapaban a esta visión tradicional, realizados en ausencia del hombre o para sustituirle directamente como fuente de ingresos, llevados a cabo por todo tipo de mujeres, solteras, casadas o viudas, adentrándose en labores que los hombres ejecutaban normalmente como hacían barqueras, armadoras, fletadoras, cargadoras…

En la Edad Moderna, y más concretamente en el siglo XVI, en la época en que Juan Sebastián Elkano comenzó su viaje, era muy frecuente que las mujeres se dedicaran a tareas remuneradas fuera de la casa para ayudar al sostenimiento familiar o, en el caso de las solteras, para ir acumulando una dote que les permitiera contraer matrimonio. Pero se desconfiaba de las mujeres trabajadoras, más aún si se trataba de solteras sin tutela masculina, por la posibilidad de que se dedicaran a actividades ilegítimas de forma encubierta. Se salía de una Edad Media que necesitaba del trabajo de las mujeres pero que seguía viéndolas como un apéndice dependiente en todo del hombre.

Bateleras de Pasajes, siglo XIX. Zumalakarregui Museoa.

 

El territorio vasco, como sede de numerosos puertos, y siendo el medio marino uno de los principales para el desarrollo económico de la zona, vio como muchas de estas mujeres desempeñaban desde fechas muy tempranas las labores ya citadas de barqueras, gabarreras, cargadoras, comerciantes o armadoras, entre otros oficios, logrando un pequeño espacio entre los hombres dedicados a la mar. Estos oficios, sin embargo, aunque muchas veces paliaban ausencias de maridos y servían de sustento familiar, jamás fueron distinguidos con el mismo reconocimiento que los desempeñados por los hombres y las mujeres que los desempeñaban muchas veces fueron arrastradas hasta los límites de lo socialmente aceptable.